lunes, 13 de febrero de 2017

La situación en los normalmente afectados por la plaga de langosta se mantuvo en general tranquila en este año, habiéndose detectado tan solo la cría de insectos en pequeña escala.

Los fenómenos meteorológicos extremos, incluyendo las lluvias torrenciales, tienen el potencial de desencadenar un aumento masivo en el número de langostas. La lluvia aporta humedad al suelo para que los insectos pongan sus huevos, que a su vez necesitan absorber agua, mientras que las lluvias permiten también que crezca la vegetación, que las langostas necesitan para obtener alimento y refugio"

  "Los efectos de una plaga de langosta pueden ser devastadores en los cultivos y pastos y por lo tanto, poner en peligro la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia rurales".

Tras levantar el vuelo, una manga de langosta puede desplazarse hasta 150 kilómetros al día empujadas por el viento. Las hembras llegan a poner 300 huevos a lo largo de su vida, mientras que un insecto adulto puede consumir más o menos su propio peso en alimentos frescos por día: alrededor de dos gramos. Un pequeño manga se come la misma cantidad de alimentos a diario que unas 35 000 personas.

 Climático y lucha contra la langosta

Si bien se cree que estas medidas han tenido un papel importante en la disminución de la frecuencia y duración de plagas desde la década de 1960, hoy en día el cambio climático está llevando cada vez más a fenómenos meteorológicos impredecibles y extremos y plantea nuevos retos sobre la forma de combatir a las langostas.

Mientras que el número de langostas disminuye durante las sequías, a menudo se producen brotes de langosta tras las inundaciones y los ciclones. Si no se controlan, estos brotes pueden conducir a plagas. Por su parte la temperatura determina la velocidad de desarrollo de los insectos: si son más cálidas pueden acortar los períodos de incubación y maduración y hacer que aumenten las generaciones de langostas en un año.